Sandalias de gladiador para niño y niña, con flecos y estilo vaquero — calzado boho de Boho Chic

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Sandalias y calzado boho para el verano

Por qué este verano es el verano de las sandalias boho

Me pasó hace dos veranos en una terraza de Valencia con luz dorada: tenía las sandalias planas con margaritas francesas de verano (sí, esas que costaron once ochenta y pico) colgando del soporte de la bici, y al cambiarme en el baño de sitio me di cuenta de que aún olían a sal y a protector solar. Un olor que, por cierto, es mi aroma favorito del verano. Reconozco que soy team suela de corcho desde que probé unas boho con cuña y estampado floral verde en un mercadillo de Arévalo: el golpe seco del tacón contra el empedrado, ese clack que decías aquí estoy, y el tacto del lino contra la piel, como un abrazo que no sabes si es fresco o íntimo. ¿El resultado? Te sientes como si llevaras puesto el verano en los pies, pero sin esa incomodidad de los zapatos que te recuerdan que existe el concepto verano.

Este año, además, las sandalias no son solo un complemento: son la declaración de intenciones de tu look. En Boho Chic este trimestre estamos obsesionadas con esas sandalias romanas de caña alta para niñas (doce treinta y pico, sí). Las compramos para una clienta con un hijo de ocho años rebelde que solo quería chanclas de piscina, pero cuando se las probó delante del espejo —y tú escuchaste la risa de su madre al ver cómo los flecos saltaban con cada paso— el trato estaba cerrado. Mi truco cuando aprieta el calor y el polvo se pega a todo? Llevar las sandalias boho de hebilla metálica para mujer y hombre, estilo casual y playa, incluso con vestidos largos de lino crudo. Un must para quien quiere moverse entre playa, terraza y paseo sin cambiar de zapato.

El código secreto para combinar sandalias boho sin parecer disfraz

No todas las sandalias son iguales ni sirven para lo mismo, y ese es el error que veo en los looks veraniegos. Por ejemplo: esas sandalias de gladiador con flecos y toque vaquero que tienen los peques en la tienda (diez con noventa y tres, y no me digas que no son un regalo fácil) son un capricho que funciona genial con pantalones rotos anchos de algodón o shorts de dril. Pero ojo: si las llevas con vestidos ajustados, vas a parecer en una película del oeste dirigida por un hippie. La clave está en equilibrar. Si eliges vuelo en la parte de arriba (como un vestido largo de gasa estampadotipo paisley), baja el pie con algo minimalista: sandalias planas como las de margaritas francesas, en tono arena o champán. Así evitas que el look se convierta en un festival de estampados.

A mí me encanta jugar con los contrastes de texturas. Las botines con flecos para mujer de tacón ancho y hebilla western (ochenta y cinco cuarenta y siete, y sí, sé que es un inversión) los llevo con faldas midi de denim deslavado y camisas de lino abiertas por la cintura. El resultado es descontracturado pero con gancho: el fleco toca la falda, los flecos del botín bailan con cada movimiento, y si al caminar salpicas un poco de arena —porque eso pasa—, nadie se dará cuenta porque llevas puesto el caos con estilo. Eso sí: los botines, incluso los de tacón ancho, son para las tardes que caen lentas, no para las once de la mañana cuando el sol aprieta como un yerno invitando a comer.

De la playa al atardecer: cómo rotar tus sandalias sin comprar un armario nuevo

Hay un momento en agosto en el que todas tenemos el mismo debate: ¿tajada o fiesta? La solución no es comprar un zapato nuevo cada semana, sino jugar con lo que ya tienes. Mis sandalias de gladiador vaquero para adulto vienen de una fiesta en Almería donde el suelo era arena y el DJ ponía flamenco rebajado. Las llevé con un mono de lino verde botella y collares de cuentas, y al día siguiente —mismo zapato, misma ropa— añadí una camisa de hombre anudada a la cintura y un sombrero de paja. El cambio fue radical, pero el pie no cambió de postura ni un milímetro. Lo mismo con esas sandalias boho de cuña floral verde (trece ochenta): un día las ves con un vestido midi de algodón estampado tie-dye y al siguiente, con shorts de lino crudo y una camiseta de punto ajustada en tono terracota. El verano es fluido, y los zapatos tienen que serlo también.

Mi último hack es el accesorio que nunca falla: los calcetines cortos de encaje, esos que se esconden y dejan asomar solo el talón, para sandalias romanas de niña o botines. Sí, puede sonar raro, pero en las terrazas con suelo de baldosas frías o en los viajes en coche con aire acondicionado a tope, esos centímetros de algodón evitan que el pie se enfríe demasiado rápido. Y si vas a un sitio donde el estilo no es tu prioridad —como un mercadillo de pueblo o un camino pedregoso camino a la playa—, las sandalias de playa y hebilla (siete ochenta) son tu salvación. Las llevé el otro día a comprar el pan con mi madre, con un vestido tubular negro y una pamela que volaba con cada ráfaga de viento. Nadie me reconoció de lejos, pero seguro que todos pensaron qué pintan esos zapatos en una persona que no está en la playa… Y eso, querida, es el objetivo.

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